SEXUALIDAD ADOLESCENTE

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El desarrollo sexual es una fibra central de toda la experiencia adolescente, y subyacente a él está la maduración biológica, que comienza al principio de la pubertad y continúa durante 3 ó 4 años, al menos. Sin embargo, el desarrollo sexual no sólo implica cambio biológico, sino también crecimiento y maduración en los mundos social y emocional de las personas jóvenes.

En la sexualidad adolescente influyen diversos factores; estos pueden ser internos, como por ejemplo la tasa de maduración pubescente, o externos, como el tipo de familia y el barrio, y el clima político de la época. El desarrollo de la sexualidad de los jóvenes puede constituir una fuente de ansiedad considerable, tanto para los propios adolescentes como para los adultos responsables de su atención o educación.

Cambio de patrones del comportamiento sexual

Hay una creencia general de que la permisividad sexual alcanzó su punto culminante en la década de 1960 y que, más recientemente, los jóvenes han mostrado mayor moderación y una actitud más conservadora hacia el comportamiento sexual. Antes de centrarnos en esta cuestión, debemos advertir que los datos disponibles sobre el comportamiento sexual de los adolescentes son limitados.

Además, es evidente que los métodos para el estudio del comportamiento sexual adolescente tienen serias limitaciones. Por ejemplo, los resultados de una investigación que entrevistó a adolescentes en más de una ocasión muestran que un 67% de los jóvenes en el estudio no informó de manera coherente sobre el momento de su primera relación sexual (ALEXANDER y cols., 1993).

En el estudio más extenso de los que se han llevado a cabo en Gran Bretaña, que también es el más reciente, WELLINGS y cols.(1994) entrevistaron a 18.000 adultos y jóvenes mayores de 16 años. Si consideramos la cantidad de individuos que comunican haber tenido relaciones sexuales antes de los 16 años de edad, podemos ver grandes diferencias entre los grupos de edad.Las cifras en la Tabla 6.1 muestran que cuanto más joven es el individuo, más probable es que haya practicado el sexo antes de los 16 años.

Otro cambio señalado por algunos comentaristas es la posibilidad de que los jóvenes tomen parte actualmente en una gama más amplia de comportamientos sexuales de lo que acontecía en decenios anteriores. Así, por ejemplo, la práctica del sexo oral parece estar muy difundida entre los adolescentes, y ha habido un cambio en las actitudes anteriormente negativas hacia el comportamiento sexual menos convencional. En el estudio de FORD y MORGAN (1989), los autores comunicaron que, entre los jóvenes de 18 años, el 46% de los varones y el 28% de las mujeres habían practicado el sexo oral con compañeros casuales. Las cifras correspondientes para compañeros regulares o estables eran 56% y 58%. En otro estudio británico, BREAKWELL y FIFE-SHAW (1992) encontraron que el 9% de su muestra, que tenía entre 16 y 20 años de edad, había practicado el sexo anal. Estudios en Australia muestran que, entre los grupos vulnerables, como los que carecen de hogar, las tasas de prácticas sexuales como estas son mucho más altas (MOORE y ROSENTHAL, 1998). Otra perspectiva sobre los cambios en el comportamiento sexual puede obtenerse a partir de las estadísticas sobre las cifras de embarazo adolescente. Sin embargo, estas tasas no nos hablan realmente sobre el nivel de actividad sexual, puesto que el uso, o la falta de uso, de anticonceptivos es claramente el factor determinante aquí.

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Sin embargo, donde se han producido cambios, ha sido en la cantidad de abortos realizados en las jóvenes de este grupo de edad. El número de interrupciones del embarazo ha aumentado gradualmente con los años, de manera que actualmente sólo el 50% de las concepciones de jóvenes menores de 16 años llevan a la maternidad.

El contexto y el momento del comportamiento sexual adolescente

Puede parecer obvio, pero es importante afirmar que el comportamiento sexual de los jóvenes tiene lugar en el contexto de las actitudes y la conducta del adulto. En gran parte del debate público sobre este tema, los comentaristas y las autoridades en la materia dan la impresión de pensar que los adolescentes están de algún modo aislados o separados de lo que sucede en el resto de la sociedad. Se les culpa por tener actitudes permisivas, o por establecer contactos sexuales casuales sin considerar las consecuencias. 

Los jóvenes ven material sexual en la televisión, las películas y los vídeos, en las vallas publicitarias y en las revistas de adolescentes. Un aspecto muy importante es que tienen noticia de adultos que les rodean, sea en la familia o en el barrio, que tienen relaciones sexuales fuera del matrimonio. Pueden ver que los adultos persiguen la gratificación sexual sin considerar siempre las consecuencias, que ponen la satisfacción sexual en un lugar alto en su lista de metas personales y, lógicamente, a los jóvenes les influye esta experiencia. Creer que los adolescentes viven de algún modo en un mundo propio es poco realista e inútil. No podremos comprender la sexualidad adolescente a menos que reconozcamos el contexto en el que se produce y admitamos las importantes influencias de la sociedad adulta.

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De la serie de factores sociales que influyen en la sexualidad del joven, quizá es la familia el que se debería considerar primero. Autores como KATCHADOURIAN (1990), MOORE y ROSENTHAL (1995) y TARIS y SEMIN (1997) han resumido los aspectos en que los padres y otros miembros de la familia influyen en los jóvenes en este ámbito. En primer lugar, los padres tienen actitudes sobre la sexualidad. Estas se pueden relacionar con el cuerpo y sus funciones; pueden ser posiciones sobre la intimidad, el placer, la vergüenza y la culpa y, por supuesto, sobre la naturaleza de las relaciones íntimas. Los padres tendrán también actitudes sobre el género, incluidos aspectos como los roles sexuales, la distribución del poder y la comunicación entre los hombres y las mujeres. Todas estas disposiciones parentales influirán en el modo en que el niño o la niña se desarrolla sexualmente. Además de las actitudes, los padres representan también modelos de rol para los jóvenes. Así, la manera en que la madre y el padre se relacionan entre sí; cómo se ocupan de la toma de decisiones; el trato que se dispensan mutuamente y la forma en que se comportan sexualmente ofrecerán poderosos modelos que influirán sin duda en los hijos.

TARIS y SEMIN (1997) nos recuerdan que también hay otros aspectos en los que los padres pueden influir. En algunas circunstancias, y con respecto a ciertas cuestiones, ellos pueden ser los educadores sexuales más efectivos, especialmente si son abiertos sin ser entrometidos, y están dispuestos a tratar el orden del día del joven, en lugar del suyo. Como hemos señalado antes, pueden ofrecer control y supervisión, ayudando a los adolescentes a retrasar la participación en la actividad sexual. Por otra parte, pueden dejarles establecer sus propios límites y tomar sus propias decisiones sobre el ritmo de su desarrollo sexual.

Por último, al examinar la cuestión de las influencias sobre el comportamiento sexual, es importante considerar el papel de la comunicación. Como todos sabemos, el tema del sexo puede ser sumamente embarazoso, especialmente para los jóvenes. Muchos simpatizarán con esta muchacha que recuerda el intento de su madre de hablarle seriamente sobre la materia:

“Debe haber sido cuando lo estábamos dando en la escuela. Recuerdo que un día iba yo andando por el camino cuando mi madre me dijo: ‘¿De modo que ahora ya sabes cómo hacerlo?’ Así que, bueno, le dije que ya lo sabía, ¿sabes?, porque lo sabía. Entonces ella me respondió: ‘Ahora lo sabes bien, y todo eso’. Yo estaba muy cortada, y le decía: ‘psá’, así, e intentaba cambiar de tema. Y ella insistía: ‘De modo que sabes cómo hacer un niño, y cómo cuidar un niño’ y todas esas tonterías. Así que le dije: ‘Sí mamá’, e intenté cambiar de tema todo el rato”. (COLEMAN, 1995, pág. 3.)

La comunicación sobre el tema de la sexualidad ha sido el centro de varios estudios. MOORE y ROSENTHAL (1991) realizaron un trabajo en Australia que comparaba la comunicación con los padres y los compañeros. En esta investigación, se encontró que el 69% de los jóvenes sexualmente activos sentían que podían hablar sobre cualquier preocupación que tuvieran con sus amigos, mientras que sólo el 33% opinaba de esta manera respecto a hablar de problemas sexuales con su madre, y menos incluso (un 15%) se sentía capaz de conversar sobre estas cuestiones con su padre. Se comunicaron porcentajes similares para las conversaciones sobre anticoncepción. Sin embargo, los autores advierten que en cuanto a la oferta de ayuda práctica, como visitar una clínica de salud sexual, los amigos no eran un recurso tan importante. Sólo un 22% comunicó haber solicitado a un amigo que le acompañara a un médico o le ayudara de una manera práctica. 

Aventura amorosa e intimidad

Una de las críticas que a veces se dirige a los investigadores académicos comprometidos en el estudio de la sexualidad juvenil es que se otorga demasiada importancia a la conducta (en quién ha hecho qué a qué edad) y hay demasiado poco interés sobre el significado de las relaciones sexuales. Por tanto, es importante prestar alguna atención a las ideas de amor, aventura amorosa e intimidad. Esto es especialmente cierto, ya que sabemos, que en la vida de una persona joven, una experiencia de amor apasionado, o un compromiso ardiente en una relación íntima, se pueden convertir en el hecho más importante.

Para ERIKSON, la intimidad implica apertura, compartir, confianza y compromiso. Así, una experiencia de intimidad contribuye al desarrollo de la identidad y la madurez, a través de las oportunidades para la exploración de sí mismo. La relación íntima permite a la persona joven levantar un espejo ante él/ella misma, aun cuando sea distorsionado, y experimentar además un sentimiento de extraordinaria proximidad a otro, que debe repetir en alguna manera el contacto entre madre e hijo en la lactancia. Quizá por esta razón enamorarse durante los años adolescentes tiene una intensidad diferente de la experimentada en la edad adulta.

HATFIELD y SPERCHER (1986) diseñaron una Escala de Amor Apasionado (Pasionate Love Scale), mientras que LEVESQUE (1993) construyó un Índice de la Experiencia Amorosa (Love Experience Index). Ambos instrumentos se han utilizado para explorar los componentes del amor en la adolescencia, y los dos han llegado a ideas similares. Así, por ejemplo, ambos incluyen medidas de júbilo, activación sexual y la necesidad de proximidad y aceptación por el ser amado, y además una dimensión de dolor y angustia cuando se producen dificultades. Adoptando un enfoque algo diferente, FEIRING (1996) consideró las experiencias de aventura amorosa en una muestra de jóvenes de 15 años. Este estudio comunicó algunos hallazgos interesantes. En primer lugar, se mostró que a esta edad las relaciones en las citas eran de menor duración que las amistades estables del mismo sexo. La duración media de las relaciones románticas en este grupo era sólo de 3 a 4 meses, comparado con un año o más para las amistades del mismo sexo. Sin embargo, el contacto implicado en las relaciones románticas era mucho más intenso. Las personas jóvenes informaban que diariamente pasaban horas hablando cara a cara o por teléfono. FEIRING señaló también diferencias de género, muy similares a las encontradas en estudios de funcionamiento de grupos de iguales. Así, las muchachas recalcan la importancia de la revelación personal y el apoyo, mientras que losvaroneshacenhincapiéenellugardelasactividadescompartidasenlasrelaciones románticas. Además, es más probable que los chicos mencionen el atractivo físico como un factor en la satisfacción de la relación que las chicas.

Jóvenes y sexo seguro

No hay duda de que la llegada del fenómeno SIDA/VIH en la década de 1980 tuvo un profundo efecto en las actitudes hacia el sexo, así como en el propio comportamiento sexual. En primer lugar, se hizo evidente para todos que el sexo sin protección podía tener consecuencias terribles. Por supuesto, las había tenido siempre, tanto procedentes de las enfermedades de transmisión sexual como del embarazo. Sin embargo, de algún modo, el concepto de que un individuo podía morir a causa de un encuentro sexual casual tuvo un efecto de escala completamente diferente a todo lo que había sucedido antes. Se aportaron enormes sumas de dinero para nuevos enfoques de la educación sexual, así como para iniciativas de investigación destinadas a estudiar el comportamiento sexual y los estilos de vida de muchos grupos, incluidas las personas jóvenes. El efecto del pánico al SIDA/VIH en los adolescentes lo han documentado muchos autores, incluidos AGGLETON y cols.(1991), WILLIAMS y PONTON (1992) y MOORE y cols.(1996).

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Varios estudios han intentado identificar los factores de riesgo asumidos al practicar el sexo sin protección.  Aunque la falta de conocimiento puede ser un factor, es probable que desempeñe un papel relativamente menor en el cuadro general (MOORE y cols., 1996). Más importante es la edad del individuo. WELLINGS y cols.(1994) comunican que cuanto más joven es la persona que practica la primera relación, más probable es que la realice sin protección. Así, en el estudio Wellcome, los resultados mostraron que casi la mitad de todas las mujeres y más de la mitad de todos los varones que practicaban el sexo antes de los 16 años probablemente no utilizaban anticonceptivo en la primera ocasión. Otros factores incluyenla falta de acceso a consejo sobre anticoncepción y la falta de confianza en poder adquirir u obtener preservativos. Los grupos que son particularmente vulnerables incluyen los que tienen problemas de comportamiento, carecen de hogar o reciben asistencia, o los que son propensos y a comportamientos de asunción de riesgos (FELDMAN y cols., 1995; CROCKETT y cols., 1996;BREAKWELL y MILLWARD, 1997). Sin embargo, quizá el factor más importante de todos sea el contexto social y psicológico de la actividad sexual temprana, y esto es lo que examinaremos ahora.

La manera más sencilla de comprender cómo se puede producir el sexo sin protección es considerar los requisitos para el uso de un preservativo. En primer lugar, es preciso adquirirlo y tenerlo disponible en el momento adecuado. Además, tiene que ser aceptable para ambos compañeros admitir que uno de ellos ha planeado practicar el sexo. Probablemente es necesario también poder hablar sobre el uso de un anticonceptivo y sentirse lo bastante seguros el uno del otro para arriesgarse a interrumpir la activación sexual. Además, por supuesto, todo esto supone que al menos un compañero es sensato y racional al comienzo del encuentro. Cuando eres joven, se inicia una relación, y no se está en absoluto seguro de la otra persona, apenas sorprende que en algunas situaciones no se cumplan todas estas condiciones.

Sexualidad lesbiana y “gay”en la adolescencia

Durante los diez últimos años ha habido un reconocimiento mucho mayor del lugar de la sexualidad lesbiana y “gay” en la adolescencia.

Se han utilizado los términos “gay” y “lesbiana” en lugar de “homosexual”, ya que generalmente se considera que entrañan evaluaciones más positivas de la conducta y de la identidad sexual enfocadas en el mismo sexo. Muchos análisis de esta materia incluyen además una consideración de los jóvenes bisexuales. Este tema es importante también, pues es evidente que los sentimientos de algunos jóvenes no están orientados necesaria o exclusivamente sólo hacia un sexo u otro. Hay algunos jóvenes que tienen sentimientos sexuales dirigidos tanto a hombres como a mujeres, y estos individuos pueden identificarse a sí mismos como “bisexuales”.

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Una de las cuestiones clave con las que se enfrenta cualquier persona joven en esta situación es la homofobia. Aunque sin duda es cierto que ha habido cambios significativos de actitud entre los adultos profesionales, existe todavía un grado enorme de estigma asociado con la homosexualidad, especialmente entre los propios jóvenes. Así, una persona que comienza a sentir que puede ser “gay” o lesbiana tiene que desarrollar estrategias de afrontamiento para hacer frente a la hostilidad y la ignorancia que rodea esta materia. Por supuesto, la estrategia más común es mantener los propios sentimientos en la intimidad, y esto tiene implicaciones de importancia crítica para las personas jóvenes en esta situación. Si no existe un foro para hablar de la homosexualidad, y no hay un medio sencillo de obtener información sobre los estilos de vida “gay” y lesbiano, es natural que los individuos se sientan más inseguros e incluso confundidos y que además sientan que su sexualidad es “mala”o “equivocada”.

Las actitudes sociales hacia la homosexualidad tienen mucho que ver con los problemas de la revelación personal. En la investigación realizada por COYLE (1991) se puso de manifiesto que era muy probable que las primeras revelaciones realizadas por los jóvenes “gays” fueran a amigos íntimos, de cualquier género. Revelar la noticia a los padres y otros miembros de la familia es quizá el obstáculo más difícil, aunque COYLE comunicó que en la mayoría de los casos el resultado era que el joven se sintiera aliviado, y que los padres le tranquilizaran, en lugar de rechazarlo. La madre de un joven “gay” describe su experiencia como sigue:

“Así que se sentó y me dijo: ‘Tengo algo que decirte’ .Y yo le respondí: ‘Bien, ¿qué es?’ Y él comentó: ‘Tus dos amigos comprenderían’. Y entonces, de repente, caí en la cuenta de aqué dos amigos se refería: Eran los amigos ‘gay’ que teníamos. Y tan sólo le respondí: ‘¿De modo que piensas que lo eres?’ Y no utilicé la palabra. Y él contestó que sí. Entonces proferí: ‘¿Qué te hace pensarlo?’ Y él respondió:‘  Simplemente lo sé’. De modo que le manifesté: ‘Vale. Tú sabes que vale’. Y pude ver el alivio en su cara, el alivio absoluto en todo su cuerpo. Me dirigí a él y se echó a llorar. Lo rodeé con mis brazos y diciéndole: ‘No pasa nada, lo sabes, no te preocupes por eso’. Le especifiqué: ‘Te sigo queriendo, eres mi hijo, y nada va a cambiar mis sentimientos. No eres distinto ahora al de hace un minuto, antes de decírmelo, de modo que no pasa nada, no te preocupes’”. (Madre de dos muchachos, citado en COLEMAN, 1995.)

Sin embargo, hay personas jóvenes que, por supuesto, tienen experiencias menos satisfactorias al descubrirse a sus padres y, de hecho, algunos quizá no puedan hacerlo hasta bien entrada la edad adulta. El rol de los padres es crítico a la hora de permitir que el individuo acepte su identidad sexual. Existe de nuevo aquí una gran necesidad de abordar la ignorancia que rodea a esta materia, para que las personas jóvenes puedan revelar su sexualidad a los padres sin encontrar los estereotipos y el prejuicio todavía muy extendidos en nuestra sociedad.

 Paternidad adolescente

Durante la última década ha habido un creciente interés por la cuestión de la paternidad temprana. Este fenómeno ha sido especialmente acusado en EE.UU., que ostenta la tasa de embarazo adolescente más alta del mundo, así como en Gran Bretaña, que posee la más alta entre los países europeos (COLEMAN, 1997a). Sin embargo, diversos factores entorpecen una comprensión clara de esta cuestión. En primer lugar, es equívoco hablar de paternidad adolescente como concepto general. Es evidente que la paternidad para un joven de 19 años es una experiencia completamente diferente que para uno de 14 ó 15 años. Sin embargo, es demasiado infrecuente que se reconozca la significación del estadio evolutivo del joven padre al analizar la cuestión. Aquí, nos referiremos sobre todo a los padres menores de 16 años. Un segundo problema es el proceso de formación de estereotipos que tanto ha afectado a los padres adolescentes poco más o menos durante la última década en Gran Bretaña y EE.UU. Cuando los políticos y otros comentaristas describen a este grupo como parásitos del Estado, o como individuos que recurren al embarazo para saltarse las listas de espera para la obtención de vivienda, se crea  un clima que hace difícil considerar las necesidades de los jóvenes padres en una manera racional y constructiva.

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Un tercer problema son los limitados datos de investigación disponibles sobre paternidad adolescente en el Reino Unido y en Europa en general. Aunque ha habido algunos buenos estudios, la mayor parte de la investigación sobre esta materia tiene su origen en EE.UU. Está claro que las poblaciones de padres jóvenes de países diferentes no son comparables, y existe un peligro real de utilizar conclusiones de un país y aplicarlas en otro. Un ejemplo de esto es que casi todos los estudios en Norteamérica se han basado en poblaciones afroamericanas; sin embargo, en el Reino Unido sólo un pequeño número de padres adolescentes procede de minorías (DENNISON y COLEMAN, 1998a).

El origen familiar de los progenitores adolescentes ha recibido menos atención, en términos relativos, que otros asuntos en este campo. Sin embargo, desde principios de la década de 1990, ha habido un interés creciente en este aspecto de la paternidad adolescente, y estudios en EE.UU. han comenzado a identificar el papel clave desempeñado por la abuela (CHASE-LANSDALE y cols., 1991; EAST y FELICE, 1996), mientras que DENNISON y COLEMAN (1998b) comunican el primer estudio de este tipo del contexto familiar de la paternidad adolescente en el Reino Unido. Hay varias cuestiones que deben tratarse. En primer lugar, surge la pregunta respecto a si la residencia conjunta, es decir, el que la madre adolescente y la abuela vivan juntas, es beneficiosa para la joven madre. En segundo lugar, podemos preguntar si la abuela puede ofrecer un modelo de rol valioso para la joven en los primeros estadios de la maternidad, y en qué circunstancias se proporciona mejor el apoyo.

Educación sexual efectiva

Parece apropiado concluir este capítulo con una consideración de la educación sexual, y examinar algunos de los aspectos en que se podría modificar para tener en cuenta las necesidades reales de las personas jóvenes. En primer lugar, está claro que la educación sexual no puede centrarse sólo en la biología. Aunque ésta debe ser un componente importante, lo que las personas jóvenes necesitan más son los elementos que se refieren al contexto social de la sexualidad, junto con las relaciones y la ética del comportamiento sexual. Enseñar la biología del sexo es relativamente sencillo, pero crear un programa de educación sexual que permita a los jóvenes explorar los dilemas y contradicciones inherentes en la conducta sexual, y desarrollar las destrezas de relación necesarias es mucho más difícil. Es esta dirección la que debería tomar la nueva reflexión. Un segundo elemento de la buena educación sexual tiene que ver con la importancia de tratar las necesidades tanto de los varones como de las mujeres jóvenes, así como las de las culturas minoritarias y las de “gays”, lesbianas o bisexuales. Por lo que se refiere al género, es un hecho que los programas de educación sexual rara vez consideran la significación de la buena comunicación entre los hombres y las mujeres, ni dan a los jóvenes una oportunidad para explorar las nociones convencionales de masculinidad y feminidad. Además, es casi seguro que los dos sexos necesitan cosas algo diferentes a las clases de educación sexual, de manera que puede haber necesidad para parte del currículum de grupos de un solo sexo para hacer posible un debate abierto. Por lo que a las necesidades de otros grupos se refiere, la clave aquí es que los programas de educación sexual se adelanten a reconocer las minorías y valorar sus experiencias.

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Las necesidades de estos grupos no se pueden satisfacer a menos que estos jóvenes se sientan a salvo del prejuicio y la posibilidad de hostigamiento, sea de naturaleza racista o sexista. La responsabilidad de crear un ambiente seguro debe pesar sobre el profesional adulto. Un tercer factor que es esencial para una educación sexual efectiva es un reconocimiento de los diversos niveles de conocimiento entre los alumnos. Como se indicó antes, las personas jóvenes muestran una variación considerable en su conocimiento de la sexualidad. Tanto la edad como el género son factores, pero igualmente importante es el hallazgo (WINN y cols., 1995) de que los alumnos conocen más sobre algunas cuestiones que sobre otras. Así, la comprensión de la fertilidad por las personas jóvenes es relativamente mala a diferencia de su conocimiento del VIH/SIDA. Esta información debería inspirar los programas de educación sexual, y debería ayudar a los profesores a prestar más atención a la necesidad de evaluación.

EL ADOLESCENTE Y LA FAMILIA

La vida en familia proporciona la influencia más temprana para la educación de los hijos. Es determinante en las respuestas conductuales entre ellos y la sociedad, organizando sus formas de relacionarse de manera recíproca, reiterativa y dinámica que son las interacciones más importantes en familia. Por eso queremos señalar que la salud mental del adolescente tiene íntima relación con su vida en familia. La familia se percibe como entidad positiva que beneficia a sus miembros; de lo contrario, si el ambiente es negativo, existe menor control sobre ellos mismos. El adolescente es muy sensible a su entorno cultural; si su desarrollo es anormal, aparecerán dificultades en sus relaciones (familia, escuela, sociedad). Los criterios normales en la vida del adolescente incluyen: ausencia de psicopatología grave, control de las acciones previas al desarrollo, flexibilidad en la expresión de sus afectos y del manejo de conflictos inevitables, buenas relaciones interpersonales aceptando los valores y normas de la sociedad. Las dificultades entre los padres-hijos adolescentes se presentan, por lo general, alrededor de la autoridad, sexualidad y valores. La pobre habilidad de los padres para manejar esta etapa del desarrollo de sus hijos se demuestra cuando hay hostilidad e indiferencias por parte del adolescente. Lo principal puede ser conducta evasiva, agresión y rechazo de los valores de los padres con el consecuente pobre o nulo esfuerzo escolar, descuido de los atributos e higiene personal. Los adolescentes usan de manera abierta o enmascarada las conductas de rebelión.

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La vida en familia proporciona el medio para la crianza de los hijos, es la influencia más temprana y duradera para el proceso de socialización y en buena medida determina las respuestas de sus integrantes entre sí y hacia la sociedad. 1 La estructura de una familia está constituida por las pautas de interacción que se establecen entre sus miembros, quienes organizan sus relaciones dentro del sistema en una forma altamente recíproca, reiterativa y dinámica.

DIFICULTADES EN LAS RELACIONES FAMILIARES

Cuando los hijos llegan a la adolescencia los problemas familiares pueden centrarse en la diferenciación de roles y en asuntos relacionados con la separación. Para los padres puede ser difícil desligarse de los hijos y establecer un nuevo equilibrio en el sistema conyugal. Las dificultades en la relación padres-hijos, pueden ocurrir principalmente alrededor de tres áreas: la autoridad, la sexualidad y los valores. La interacción entre el adolescente y sus padres frecuentemente se caracteriza por una pobre comunicación y una expresión afectiva negativa, que resultan en un manejo inadecuado de los recursos para el control de la conducta.

Frecuentemente, los padres reaccionan ante sus hijos de manera consistente con los estereotipos que los adolescentes esperan; éstos van de ver al joven como un victimario (poderoso, violento, rudo, sexualmente agresivo) o como una víctima (pasivo, impotente, desprotegido, indefenso, incapaz). Los padres más jóvenes (menores de 38 años) tienden a percibir al adolescente, especialmente si es el primogénito de manera más negativa que los padres de mayor edad. Además, los padres ansiosos tienden a exigir pautas más elevadas para sus hijos. Estos factores promueven las barreras de comunicación e invitan al adolescente a excluir a los adultos de su mundo volviéndose silenciosos o refugiándose con sus amigos. Los padres con dificultades para disminuir gradualmente su “autoridad paternal” pueden contribuir a un problema de adaptación en el adolescente.

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Desgraciadamente muchos padres se muestran reticentes a dejar su rol protector y a permitir al adolescente adquirir autonomía por medio de la libertad y la responsabilidad, lo cual se convierte en un campo de conflicto, donde el adolescente se enfrenta de manera desorganizada y en muchas ocasiones autodestructiva a un autoritarismo sin concesiones. Como los padres evaden la confrontación directa, facilitan la expresión afectiva de rebeldía y desacuerdo en el adolescente por medio de conductas que “sí toleran”; por ejemplo, al adolescente que no puede salir con sus amigos a una fiesta, “se le tolera” que escuche la música a todo volumen o que rompa alguna cosa, en su cuarto, porque “así son ellos”.

La pobre habilidad de los padres para manejar la crianza en esta etapa al parecer se relaciona con un ambiente adulto que se muestra indiferente o/y hostil a las necesidades del adolescente. Dentro de esta atmósfera, los jóvenes muestran un mayor deseo de escapar o agredir y un mayor rechazo a los valores de los padres, como el rendimiento escolar y un descuido de los atributos personales esperados para ellos. Lo anterior provoca un mayor enojo y hostilidad en los padres, que empeora aún más la situación. En contraste, los padres que manejan adecuadamente la relación se caracterizan por mantener una comunicación directa y honesta, el interés franco por ayudar a resolver problemas, y el deseo de mantener un contacto emocional cercano; los adolescentes en este medio familiar son respetados en espacio, tiempo y privacía y en los intereses que persiguen.

Los adolescentes de manera abierta o encubierta utilizan las conductas de rebelión para:

1) probar los límites,

2) buscar autonomía y capacidad,

3) separarse de los parámetros y estándares parentales y

4) desarrollar un sistema de valores independiente.

Según Erikson, el adolescente desarrolla su propia identidad por medio de asimilar sus experiencias pasadas y aplicarlas a las situaciones nuevas. Este autor considera que las oscilaciones en el afecto, las conductas impulsivas y la “marginación” social son el resultado de la dispersión del rol que acompaña esta forma de “probar” el mundo. A diferencia del adulto, el adolescente debe involucrarse en estos “excesos” porque no posee otro mecanismo para asimilarlos del exterior y ponerlos en orden.

Algunos adolescentes permanecen relativamente libres de afecto negativo y rebeldía sin efectos nocivos. El nivel de afecto negativo y rebeldía es más una medida del monto de fuerza que se requiere para superar por parte del adolescente los lazos que le atan a sus padres y separarse de ellos, que una verdadera hostilidad para con sus progenitores.

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El joven busca la individuación; sin embargo, sus recursos son limitados y en un proceso sin comunicación salen lastimados. La rebeldía también puede manifestarse en la escuela al desobedecer reglas o disminuir el rendimiento escolar; sin embargo, el ambiente escolar en la secundaria cambia mucho y las exigencias de la preparatoria son aún mayores. Esto provoca confusión y miedo en el adolescente que percibe el aumento de demandas sobre de él, si a ello le agregamos que el grupo de coetáneos le puede rechazar sólo por ser diferente. El conflicto de los padres con el adolescente por lo regular se desarrolla cuando el adolescente luce “desmotivado” o preocupado más por los aspectos sociales que por los académicos, por eso es de capital importancia determinar adecuadamente la naturaleza de la problemática escolar, que suele ser un punto de fricción frecuente.

La adolescencia es un periodo de exploración de la sexualidad recientemente descubierta, por lo que son comunes los conflictos acerca de los valores sexuales y su expresión. Existe una clara y franca dificultad de los padres para discutir abierta y francamente las cuestiones sexuales, los padres temen una confrontación negativa con sus hijos; como resultado, muchos adolescentes desconocen las actitudes de sus padres hacia los asuntos sexuales. La comunicación juega un papel primordial, y una buena relación entre padres e hijos se ve coronada por una acertada toma de decisiones en lo que respecta a los tópicos sexuales. En este aspecto, la información no basta; es indispensable la cercanía emocional y sobre todo la libertad para que se desarrolle la confianza. Los adolescentes tienen muchas dudas y angustia alrededor de su sexualidad en desarrollo. Cada adolescente debe tomar decisiones con respecto a la expresión sexual, que va desde la supresión total, hasta la máxima promiscuidad. La actividad sexual indiscriminada puede ser un indicador de un pobre autoconcepto y/o sentimientos de minusvalía. De la misma manera, las conductas de actuación sexual (acting outs) pueden ser un elemento de venganza contra los padres o de atraer y retener amigos. Por desgracia, los adolescentes “creen”, por aspectos que se relacionan con su desarrollo cognoscitivo y emocional, ser invulnerables y entonces su riesgo de enfermedad sexual (el SIDA es la tercera causa de muerte en adolescentes) y de embarazo es muy elevado.

Existen algunos errores en la comunicación que a veces los padres cometen sin estar conscientes de ellos.

Veamos algunos de ellos:

Advertencia: “Estudia o te vas a quemar en los finales”.

Comentarios de mártir: “¡Esas discusiones entre tú y tu hermano, un día me va a dar un infarto por culpa de ustedes!” acabando conmigo,

Comparaciones: “¿Por qué no puedes ser como tu hermana? Ella siempre entrega sus trabajos a tiempo”.

Sarcasmo: “¿Sabías que tenías un examen de química y dejaste el libro en elqué listo eres, lo que hiciste fue muy inteligente. ¡Te felicito!

Profecías: “ Me mentiste acerca de tu calificaciones, ¿ Verdad? ¡Será un adulto en quien podrá confiar!

Los siguientes son ejemplos de formas de comunicación afectiva entre padres e hijos:

Describa el problema: “ ¡La luz  del baño está encendida!”  ( En lugar de: “¡Cuántas veces te he dicho que apagues la luz del baño!

Dé información: “Juan, la leche se agria cuando está afuera de la nevera”. (En lugar de: “Juan, eres un irresponsable por dejar la leche fuera de la nevera”).

Dígalo con una palabra: “¡María, las toallas!” (En lugar de: “¡María,eres una descuidada, mira las toallas en el piso!”).

Habla de sus sentimientos: Si un hijo la habla a un padre /madre de forma autoritaria en lugar de hacer una petición, el padre/madre podría manejarlo de la manera siguiente: “No me agrada que me digan lo que tengo que hacer. Me gustaría escucharte decir: papá, estoy listo para ir al cine. ¿Crees que podrías llevarme ahora?”

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Sugerencias:

Estimúlelo a hacer sus propias elecciones. “¿Qué sería mejor para ti? ¿Practicar antes de la cena o después?” Elecciones que le brindan al niño una práctica muy valiosa para la toma de decisiones. Debe ser muy difícil para un adulto verse obligado a tomar decisiones acerca de su carrera, su estilo de vida o la elección de su cónyuge sin tener una buena dosis de experiencia en ejercitar su propio juicio.

No le quite la esperanza. “Mamá, voy a concursar para el papel principal de la obra de la escuela. ¿Crees que me darán el papel?” “Escucha, no quiero que sufras una decepción. ¿Para qué tratar de que te den el papel principal, cunado no tienes ninguna experiencia en la actuación? Quizás haya un  papel más pequeño para ti.” En vez de preparar a los jóvenes para una decepción, déjelos que exploten y experimenten: “De manera que tratarás de que te den el papel principal. Va a ser toda una experiencia.”

No haga demasiadas preguntas. “¿Le gustó tu composición a tú maestro? ¿Aprobaste el examen de matemáticas? ¿Vendrá alguien a jugar hoy contigo? ¿No? ¿Y por qué?” El exceso de preguntas puede experimentar como una invasión de la propia vida privada. Los jóvenes pueden hablar acerca de lo que quieran y cuando deseen hacerlo.

Anime a su hijo(a) a emplear recursos fuera del hogar. “Mamá ¿Todavía no me has encontrado un maestro de guitarra?”“Aún estoy investigando, pero me gustaría que preguntaras en la escuela si te pueden recomendar a alguien.” Queremos que nuestros hijos sepan que no son totalmente  dependiente de nosotros. El mundo fuera del hogar, en las tiendas de animales domésticos, el dentista, la escuela, un niño mayor, son recursos a los que pueden acudir en busca de ayuda para sus problemas.

La comunicación afectiva ayuda a los padres a formar hijos responsables; con una buena autoestima; respetuosos de ellos mismos y de los demás; autosuficientes e  íntegros. Además, ayuda a establecer una relación afectiva y funcional entre padres e hijos, con límites adecuados. De esta manera, la autoridad de los padres no es cuestionada, porque se basa en el respeto, no en el temor. Constituye, además, una alternativa al castigo; sobre todo al castigo físico, que es completamente inapropiado, mayormente en la adolescencia.

Los padres de hoy tienen que disciplinar confiando en sus propias habilidades, encontrando en el amor incondicional a sus hijos, la certeza de que son la persona adecuada para educarlos y de que sus esfuerzos no serán en vano. ¡Deben creer y confiar que sus hijos adolescentes se convertirán en los valiosos adultos por los que ellos se han esforzado!

RECOMENDACIONES

Un concepto cuya utilización por parte de los padres puede ser aconsejable, ante diferencias de opinión sobre algunos temas, es el sugerido por Ginott. Este autor recomienda establecer la diferencia entre aceptación y aprobación como una forma de evitar discusiones interminables con los hijos adolescentes. En pocas palabras, un padre puede tolerar una conducta desagradable en su hijo, sin aprobarla; no es estimulada ni bienvenida, simplemente es aceptada.3

Fernando de 17 años, insistía en usar un arete ante la oposición terminante del padre, para quien tal costumbre era señal de una desviación sexual. En una entrevista con ambos se les ayudó a negociar el asunto de tal modo que el padre permitiera a su hijo portar el arete sólo fuera de casa, sin hacerlo dentro de ésta ni en su presencia. La solución fue satisfactoria para ambos y el padre aprendió a aceptar sin que eso implicase dar su aprobación.

Si el médico desea intervenir en asuntos relacionados con las divergencias entre padres e hijos es muy importante que tenga claro y consciente sus propios sentimientos y actitudes, de modo que no tome partido por ninguno, con base a sus experiencias personales, lo que en términos psicoterapéuticos se suele llamar controlar su contratrasferencia. La aproximación terapéutica específica debe ser hecha por un especialista en múltiples niveles y por lo menos hay que incluir tres componentes:

—Entender el desarrollo psicosocial del adolescente. —Mejorar la comunicación entre el joven y sus padres. —Desarrollar un contrato de conductas que facilite la resolución de conflictos.

El valor de la familia videos y cortometrajes

La familia perfecta https://www.youtube.com/watch?v=W-gTcGQP2Cg

Familia https://www.youtube.com/watch?v=iJn7qt9HG0M

La Familia (el vídeo más conmovedor que he visto)  https://www.youtube.com/watch?v=b6TXWhu3dkw

No veas esto si no quieres llorar y reflexionar https://www.youtube.com/watch?v=QHoMI3gH8-w

Bibliografía

http://www.faromundi.org.do/2010/02/comunicacion-afectiva-y-efectiva-entre-padres-e-hijos-adolescentes/comment-page-1/

http://www.quadernsdepsicologia.cat/article/view/581/551

 

El yo y la identidad

«¿Quién eres?» —preguntó la oruga. Alicia le contestó con cierta timidez: «Apenas…, ape­nas lo sé, señor, sólo un regalo —por lo menos sabía quién era esta mañana al levantarme, pero debo de haber cambiado varias veces desde entonces».               

LEWIS CARROLL

Escritor inglés, siglo XIX

 

¿Quién soy yo?

Esta pregunta es frecuente pero la respuesta es tan inusual que se podría considerar una pregunta retórica. Es una pregunta que nos solemos hacer con regularidad cuando nos sentimos inseguros o no sabemos cómo tomar las riendas de nuestra vida.

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Identidad: algo que nos define

Con un simple vistazo a diferentes perfiles en las redes sociales podemos ver las pequeñas descripciones que hacemos de nosotros mismos. Hay quien se define como estudiante, futbolista, reportero, cinéfilo; mientras que otros se definirán como una persona alegre, simpática, divertida, curiosa, pasional, etc.

Como puede observarse, estos dos tipos de definiciones son las más comunes y presentan una diferencia fundamental entre ellas. Unas personas se definen por los grupos de los que forman parte, mientras que otras se definen por sus rasgos personales. La Psicología define el autoconcepto, el yo o “self” como un mismo constructo formado por dos identidades diferentes: La identidad personal y la identidad social.

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La identidad social

La identidad social define al yo (el autoconcepto) en términos de los grupos de pertenencia. Tenemos tantas identidades sociales como grupos a los que sentimos que pertenecemos. Por tanto, los grupos de pertenencia determinan el grupo un aspecto importante del autoconcepto, para algunas personas lo más importantes.

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Al formar una parte tan amplia de nuestro autoconcepto, de forma irremediable, los grupos determinan nuestra autoestima. Recordemos que la autoestima es una valoración emocional-afectiva que realizamos de nuestro propio autoconcepto. Por ello definirse en base a grupos de alto estatus social supondrá una alta autoestima, mientras que quienes formen parte de grupos poco valorados socialmente, tendrán que utilizar estrategias de apoyo en la identidad personal para lidiar el decremento en su valoración.

De esta forma vemos el alto impacto que tienen en nuestra autoestima y autoconcepto, los distintos grupos a los que pertenecemos.

La autoestima en la adolescencia

Publicado en la revista Megatop

La adolescencia es un período de cambios. Puedes sentirte feliz por ellos o puedes también sentirte muy extrañada y disconforme. Es difícil encontrar adolescentes sin complejos, inseguridades y vergüenzas. Lo más normal es que te tome un cierto tiempo adaptarte a las modificaciones de tu cuerpo y más aún que estas nuevas características de tu cuerpo te gusten y te hagan sentirte satisfecha contigo misma. Puede que lleguen a ser una gran fuente de estrés, depresión y ansiedades.

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Hemos recibido muchas cartas vuestras con inquietudes que van desde el peso, pasando por la altura, el tamaño de los pechos, la celulitis, el hecho de tener la regla y otras angustias que se han transformado en complejos que impiden llevar una vida relajada y feliz.

Este es el período de tu vida de grandes desafíos, en el que vas a tener que pensar en desarrollar lo que llamamos autoestima. No puedes dejar que los complejos lleguen a disminuir tu sentido de valor personal. Es decir no debes dejar abatirte y permitir que nada te haga perder tu seguridad.

La autoestima.

La autoestima es la idea que tienes de tu valor personal y el respeto que sientes por ti misma. Si tienes una buena autoestima, te tratas con respeto, atiendes tus necesidades y defiendes tus derechos. Si tienes baja autoestima, te humillas, pones las necesidades de los demás antes de las tuyas,  o piensas que no tienes nada que ofrecer.

La otra parte importante de la autoestima es la auto aceptación. Esto significa que  reconoces y admites todas tus partes, las deseables y las indeseables, las positivas y las negativas los puntos fuertes y los débiles y  aceptas todo eso como un bloque que te hace un ser humano normal y valioso.

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¿Qué puede bajar la autoestima?

La baja autoestima puede venir de la excesiva crítica de los padres. Algunos padres, con muy buena intención, utilizan la comparación con otros niños, o la costumbre de dar etiquetas a los hijos o se olvidan de premiar las buenas acciones y solo se acuerdan de desaprobar las malas. Esto es una manera de educar que a final logra efectos contrarios a los deseados y provoca inseguridad en los hijos.

También es frecuente  que  otros niños hagan las mismas cosas, como poner en evidencia algún defecto físico de sus compañeros, o darle motes, o rechazarlos por ser distintos. Estas actitudes son muy frecuentes entre los niños, que a veces no se preocupan demasiado por los sentimientos de los otros niños.

El problema viene cuando llegas a creerte las críticas y piensas que vales menos que los demás. Cuando pasa esto, puedes transformarte en alguien que solo está pidiendo ser aprobado y valorado por los otros, y esta necesidad  de evitar el rechazo hace que te humilles y des más de lo que se merecen para que te quieran.

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Como mantener tú autoestima en forma.

  • Recuerda con frecuencia tus pequeños éxitos.
  • Identifica tus puntos fuertes y piensa en ellos.
  • Haz una lista de tus cualidades y recítalas en voz alta ante el espejo.
  • Escribe en un papel tus propias etiquetas negativas y al lado de ellas escribe una afirmación más compasiva.
  • Piensa que tú no eres la responsable de que los demás sean felices. Si se enfadan o se sienten mal, no es tu culpa.
  • No aceptes por las buenas las opiniones de los demás sobre ti. Reflexiona y piensa si están basadas en hechos racionales.
  • Acepta tus debilidades y errores como comportamientos. Los comportamientos son cosas que se pueden modificar. Los errores no afectan tu valor personal. Tú eres tú y tus errores son acciones que tu puedes corregir y aprender de ellos.
  • No te compares con los demás. Tú no eres ni inferior ni superior. Tú eres tu misma y sigue por tu propio carril.
  • No digas sí a todas las cosas que te pidan para que no se enfaden. Intenta comprometerte solo con las cosas que quieras hacer.
  • Haz lo que tú quieras hacer y no lo que los demás creen que tú debes hacer.

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TE RECOMIENDO LOS SIGUIENTES CORTOMETRAJES SOBRE AUTOESTIMA:

https://www.youtube.com/watch?v=S1LEhmhxS0g

https://www.youtube.com/watch?v=LAOICItn3MM

https://www.youtube.com/watch?v=vSTt5OLBUUs

https://www.youtube.com/watch?v=5-nrS7x6kr0

https://www.youtube.com/watch?v=BeDqPfI2o0M

 

Y ALGUNAS PELICULAS PARA TI ADOLESCENTE, TAMBIEN PARA TI PAPÁ, MAMÁ… PORQUE SER ADOLESCENTE NO ES NADA SENCILLO

  • EDUCANDO A MAMÁ
  • DE LA CALLE A HARVARD
  • MANOS MILAGROSAS
  • TRIUNFO EN LA ADVERSIDAD

ESTAS SON SOLO ALGUNAS….

 

BIBLIOGRAFIA

https://psicologiaymente.net/personalidad/identidad-personal-social

http://www.academia.edu/10922936/LA_AUTOESTIMA_DEL_ADOLESCENTE

PENSAMIENTO Y RAZONAMIENTO

DESARROLLO COGNITIVO: EL PENSAMIENTO DEL ADOLESCENTE

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El adolescente típico suele estar lleno de dudas. Los niños suelen tener opiniones claras acerca de todo y esas opiniones y modo de pensar casi siempre reflejan las ideas y pensamientos de sus padres. No obstante, en la adolescencia, empiezan a cuestionar todas estas ideas, las opiniones de sus padres no les parecen tan válidas y ellos no responden a todas sus preguntas. Son conscientes de que esas son las opiniones de los demás e intentan buscar sus propias verdades, las cuales surgirán de su propio desarrollo intelectual.

El pensamiento del adolescente difiere del pensamiento del niño. Los adolescentes son capaces de pensar en términos de lo que podría ser verdad y no sólo en términos de lo que es verdad. Es decir, pueden razonar sobre hipótesis porque pueden imaginar múltiples posibilidades. Sin embargo, aún pueden estar limitados por formas de pensamiento egocéntrico, como en el caso de los niños.

El nivel más elevado de pensamiento, el cual se adquiere en la adolescencia, recibe el nombre de pensamiento formal y está marcado por la capacidad para el pensamiento abstracto. En la etapa anterior, llamada etapa de las operaciones concretas, los niños pueden pensar con lógica solo con respecto a lo concreto, a lo que está aquí y ahora. Los adolescentes no tienen esos límites. Ahora pueden manejar hipótesis y ver posibilidades infinitas. Esto les permite analizar doctrinas filosóficas o políticas o formular nuevas teorías. Si en la infancia sólo podían odiar o amar cosas o personas concretas, ahora pueden amar u odiar cosas abstractas, como la libertad o la discriminación, tener ideales y luchar por ellos. Mientras que los niños luchan por captar el mundo como es, los adolescentes se hacen conscientes de cómo podría ser.

Factores que influyen en la madurez intelectual

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Aunque el cerebro de un niño se haya desarrollado lo suficiente como para permitirle entrar en la etapa del pensamiento formal, puede que nunca lo logre si no recibe suficientes estímulos educativos y culturales. En la adolescencia, no solo hay una maduración cerebral, sino que el ambiente que rodea al adolescente también cambia, su ambiente social es más amplio y ofrece más oportunidades para la experimentación.

Todos estos cambios son fundamentales para el desarrollo del pensamiento. La interacción con los compañeros puede ayudar en este desarrollo. Según las investigaciones realizadas en Estados Unidos, cerca de la sexta parte de las personas, nunca alcanza la etapa de las operaciones formales.

DESARROLLO MORAL 

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Según Kohlberg, el desarrollo moral es el progreso del sentido individual de la justicia, y se centra más en las ideas que se tiene de la moralidad, que en la manera de actuar.

El control del comportamiento es interno, tanto en la observación de la norma como en el razonamiento sobre lo que es correcto o incorrecto. La comprensión de la moralidad suele ser incoherente con el comportamiento real, por lo que la conducta moral varía en cada situación, y es impredecible.

LA PUBERTAD

¿Sabes a que edad empieza la pubertad?

Podemos decir que un niño o niña está en la etapa de la pubertad cuando empieza a descubrir que esta cambiando físicamente.

Normalmente se considera que tiene su comienzo con e inicio de su menstruación en las chicas y la aparición del bello púbico en los chicos, pero este estadio se acompaña de cambios no solo en el sistema reproductor y en las características secundarias el individuo, sino, en el funcionamiento del corazón y así del sistema cardiovascular en los pulmones que afectan a su ves al sistema respiratorio, en el tamaño de la fuerza de muchos de los músculos del cuerpo.

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Es el proceso por el cual una persona alcanza la madurez sexual y la capacidad para reproducirse.

Esta etapa se caracteriza por el aumento sostenido en la producción de hormonas sexuales pues las glándulas suprarrenales comienzan a secretar grandes cantidades de andrógenos (vello púbico, axilar y facial). En las niñas hay producción de estrógenos. En los niños hay producción de testosterona.

El inicio de la pubertad se da alrededor de los 7 años tanto en niñas como en niños. Los cambios físicos en niños y niñas durante la pubertad incluyen el “estirón” del adolescente, el desarrollo del vello púbico, una voz más profunda y crecimiento muscular. La maduración de los órganos reproductivos trae el inicio de la ovulación y la menstruación en las muchachas y la producción de esperma en los chicos.

En los chicos el “estiron” como se le dice puede comenzar a los 9 años de edad, pero también retrasarse hasta los 15, mientras que en las chicas en mismo proceso puede comenzar a los 7u 8 años, o no hacerlo hasta los 12, 13 o incluso 14.

EFECTOS PSICOLÓGICOS

En la pubertad el cuerpo se altera radicalmente en tamaño y forma, y no es sorprendente que muchos adolescentes jóvenes experimenten un periodo de torpeza y timidez mientras intentan adaptarse a estos cambios.

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La variedad de cambios físicos que sufren los chicos en la pubertad les llevan a experimentar cambios psicológicos y sociales que terminarán por asimilar. La pubertad es una etapa de transición entre la infancia y la vida adulta. Es durante este período que se definen muchos aspectos de la personalidad. Por ser una etapa de cambios físicos, está acompañada de inquietudes que afectan a los adolescentes a nivel emocional. Los padres pueden jugar un rol muy importante para darles confianza durante este período.

Durante la pubertad y la adolescencia, los jóvenes tienden a centrarse más en sus amigos y en las relaciones fuera de la familia. Es bien conocido, que las relaciones con los padres y hermanos pueden llegar a ser tensas en esta etapa de la vida.

Como padres, debemos enfrentar un sentimiento de decepción al sentir que durante esta época ya no somos relevantes para la vida de nuestros hijos. Esto es algo seguro. Algunas veces nuestros niños parecen rechazar y hacer caso omiso de nuestra autoridad.

En esta instancia de la vida de ellos, nuestras palabras todavía tendrán un tremendo impacto en nuestros hijos, por lo tanto, debemos seguir insistiendo en la importancia del aprendizaje y el trabajo escolar para su crecimiento y desarrollo. También debemos estar seguros de ofrecerles tranquilidad, particularmente con respecto a su desarrollo físico y emocional. Hay que Una disminución en las edades en que empieza la pubertadPosibles explicaciones:Mayor estándar de vida / mejor nutriciónSobrepesoRelación con el padreFeromonasexplicarles a nuestros hijos que los cambios en él o ella, que están experimentando, no son nada de qué preocuparse y que es algo totalmente normal, por lo que hay que pasar.

La pubertad es un proceso que cambia la vida. En donde las amistades y las relaciones románticas se vuelven muy importantes. La escuela es el principal escenario de “acción” en la vida de nuestros hijos por lo cual su mundo entero empieza a guiarse por otros intereses muy diferentes a cuando eran tan sólo unos infantes.

 

ADOLESCENTES QUE SE DESARROLLAN PRONTO Y ADOLESCENTES QUE SE DESARROLLAN TARDE

La pubertad es la primera fase de la adolescencia. En ese tiempo se producen los cambios que permitirán al cuerpo reproducirse sexualmente.

Pubertad precoz

Es la aparición de los caracteres sexuales secundarios antes de los 8 años en las niñas y 9 en los varones y su etiología abarca una serie de patologías diferentes tanto en su origen como en su evolución.

Consecuencias negativas de la pubertad precoz: – Incremento del riesgo de cáncer de mama. – Abuso de sustancias ilícitas, de alcohol y tabaco. – Mayor riesgo de violencia o abuso sexual. – Inicio más temprano de actividad sexual. – Psicopatías. – Ansiedad y mayor predisposición a suicidios. – Embarazo precoz. – Talla baja.

Pubertad tardía

Se llama pubertad tardía al hecho de que esos cambios comiencen a una edad posterior a la que se considera normal para la pubertad o que el proceso se extienda durante mayor tiempo que en la media de los adolescentes.

La tendencia secular

Una disminución en las edades en que empieza la pubertad

Posibles explicaciones:

Mayor estándar de vida / mejor nutrición

Sobrepeso

Relación con el padre

Feromonas

Además de afectar a los cambios en la talla y el peso, la tendencia secular afecta también a la maduración del sistema reproductor.